martes, 18 de septiembre de 2007
jueves, 13 de septiembre de 2007
Entusiasmo, abandono, cortocircuito.

ENTUSIASMO, ABANDONO, CORTOCIRCUITO
"No sé dónde se detiene lo artificial ni dónde comienza lo real"¿Todo el arte?
La entrada del arte a la "ciudadela metafísica" se acompaña de un entusiasmo utópico. La invención de la estética queda como un monumento edificado a los pies y al servicio de la nueva deidad. La estética le da un carácter verdaderamente serio a la creación artística — y a la experiencia concomitante. Pero la interpretación heideggeriana sólo permite hallar en este una especie de marcha fúnebre. La existencia de la estética significa que el arte ya no es uno de los modos privilegiados del ser. El arte se ha vuelto menesteroso.
La entrada del arte a la "ciudadela metafísica" se acompaña de un entusiasmo utópico. La invención de la estética queda como un monumento edificado a los pies y al servicio de la nueva deidad. La estética le da un carácter verdaderamente serio a la creación artística — y a la experiencia concomitante. Pero la interpretación heideggeriana sólo permite hallar en este una especie de marcha fúnebre. La existencia de la estética significa que el arte ya no es uno de los modos privilegiados del ser. El arte se ha vuelto menesteroso.
¿El arte tiene que ver con la .v e r d a d. del ser?
Pero “poner en obra” significa que las cosas no se bastan a sí mismas para revelarse en su verdad. El arte no puede hacer la mímesis de la naturaleza, pues la naturaleza se revela al arte como una creación incompleta. Lo real permanece vacío y mudo sin la obra que lo muestra en su vulgaridad, en su uniformidad, en su incompletud, en su convencionalidad, en su devastación, en su facticidad — en su radical extrañeza.
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Lo que la obra de arte (moderno) pone en juego es el olvido del ser.
El arte (moderno), en medio de la estandarización nihilista, revela la originalidad de la copia. Revela la nihilidad acomodada del mundo técnico. Joan Miró, John Cage, Jasper Johns, Marcel Duchamp, entre mucho otros, han mostrado hasta dónde un objeto —un producto— estereotipado e industrialmente repetido puede, merced al arte, merced a su inutilización, devenir objeto único y original, objeto irrepetible. La obra, según enseña Heidegger, es la revelación del ser utensilio del utensilio, del ser cosa de la cosa. El arte pone al objeto bajo una luminosidad extraña; extraña, a la luminosidad eléctrica de los circuitos de producción y consumo. “La obra”, “no inventa nada, no ‘crea’ nada; y, no obstante, imitando el ya-ahí del mundo, lo revela en un contrasentido o en un sin-sentido más rico de sentido que ese ‘ya-ahí’" La obra mima la producción — mas sólo para mostrar la ausencia de fin, la absolutización del circuito de producción/consumo.
El arte (moderno), en medio de la estandarización nihilista, revela la originalidad de la copia. Revela la nihilidad acomodada del mundo técnico. Joan Miró, John Cage, Jasper Johns, Marcel Duchamp, entre mucho otros, han mostrado hasta dónde un objeto —un producto— estereotipado e industrialmente repetido puede, merced al arte, merced a su inutilización, devenir objeto único y original, objeto irrepetible. La obra, según enseña Heidegger, es la revelación del ser utensilio del utensilio, del ser cosa de la cosa. El arte pone al objeto bajo una luminosidad extraña; extraña, a la luminosidad eléctrica de los circuitos de producción y consumo. “La obra”, “no inventa nada, no ‘crea’ nada; y, no obstante, imitando el ya-ahí del mundo, lo revela en un contrasentido o en un sin-sentido más rico de sentido que ese ‘ya-ahí’" La obra mima la producción — mas sólo para mostrar la ausencia de fin, la absolutización del circuito de producción/consumo.

martes, 11 de septiembre de 2007
ARTE EN EL DESIERTO
Al entrar y de fondo suena el relato de María Moscosa...
.Memoría de viento.
Como la ropa tendida las páginas de libros descoloridas se desvanecen.
.Interpretación de realidades.
.Derrapadores-matasapos-el lonchero.
¿Será que alguien puede hacer eso?
.Neufragio en la piscina.
Abstracción del color al náufrago
Tragedía-Soledad estética.
UN CAMIÓN AHORA
UN AVIÓN SERÍA MUCHÍSIMO MEJOR
UN PASAJE
UN AUTO PRESTADO
PARA PODER IRME
PARA QUEDARME HARTO RATO ALLÁ
EN UNA DE ESAS...
...
NI VUELVO.
ESTO/ESO QUIERO.
VISITEN.
domingo, 9 de septiembre de 2007
M e n t i r a

-Estás sonriendo de nuevo- dijo mirandome la boca.
-¿Sabes algo? tu sonrisa me quedo grabada desde ese día que nos presentaron, porque tu sonrisa es como de mentira, unos ojos que no encajan con ella... Unos ojos que no sonrien con la boca ¿entiendes?- Continúo con una voz suave y ronca mientras sujetaba un cigarro con los labios y con las manos encendía un fósforo en la caja semi mojada con alcohol que tomó de la barra.
-Siempre me fijo en la sonrisa de la gente- me decía mientras llevaba el fuego hasta la punta del cigarro y absorbiendo varias veces para que no se apague, me miraba fijamente a los ojos, concentrada en su idea termino el rito de encender el tabaco se quitó el filtro de la boca minuciosamente pintada, me miro sonriendo mientras el humo salia a pedazos y cerró la idea de manera directa -Me da curiosidad la gente que sonríe demasiado. Te apuesto que es el arma que ocupas para defenderte del mundo. Yo uso los ojos, cuando los pongo chicos es porque tengo miedo y quiero aparentar estar muy segura-. Al escucharla decir eso, me dío un poco de risa, pero preferi no decir nada para no interrumpirla, claro.
-No confío en la gente que pone los ojos chicos si yo lo hago no me creas, es sólo que no quiero ver bien las cosas. He pensado desde hace tiempo que podría ser un gran tema para una canción , la gente entra a los bares defendiendose con una sonrisa fingida, o con caras de serios... Es dificil entrar a un bar lleno de extraños ¿no crees?
-O terminar hablando con uno de esos extraños. Le dije sonriendo.
Ella baila con un tipo. Ella continua bailando despreocupadamente con un ron-cola en la mano. Se mueve concentrada en la música. Mientras ella baila yo la miro. Entonces espero más. Me acerco y bailamos un rato...
4:08 am

Entramos al departamento, tú te sacas la chaqueta mientras me preguntas por cerveza, yo te la traigo, te la sirvo. Los dos miramos la espuma subir del vaso, los dos nos miramos, nos sonreímos. La espuma se queda en el vaso, mientras me acerco. De pronto alejas la cara, me miras achicando los ojos, yo entiendo. Sonrío.
-¿Qué pasa?
-Esque se me olvida tu cara. Cierro los ojos y me olvido de cómo eres.
Yo me río, porque me pasa lo mismo, río aunque no me da risa, río de mentira sobre unos ojos que ya no estan tan tristes. Me acerco a la radio y la prendo, la música suena i'm waiting for the night to fall i know that it will save us all when everything's dark keeps us from the stark reality. Nos damos un beso. Luego te separas, me vuelves a mirar para recordar mi cara una vez más se te olvido, sonríes. With half-closed eyes things looked even better. than they were open. Yo ya no sonrío porque no es necesario.
viernes, 7 de septiembre de 2007
JUANA LA RARA
NO-SÉ NO-SÉ NO-SÉ NO-SÉ NO-SÉ NO-SÉ NO-SÉ NO-SÉ
AYER EN EL TEATRO ORIENTE
(YA, SÍ. AHORA PUEDO MORIR TRANQUILA)
Yo sé que no sé tomar una decisión.
ando como perro en cancha de bochas
quiero algo pero digo no
y en vez de irme siempre me quedo
Tengo que librarme de toda opinión
Dudo de lo que hago aunque me guste
Y si alguien viene y dice: mmm!
largo todo y pienso en cómo, dónde y cuando hacerlo
¿Qué le voy a a hacer?
¡No hay caso, no aprendo!
Sólo sé que al final lo lamento
Cambio ideas que me llaman, llaman, llamando
Y van cambiando, yo voy cambiando
Y voy dudando, lo hago dudando
Y voy pensando, lo hago pensando
¿Para qué sembraron la duda?

JUANA SOS LO MÁXIMO!
viernes, 31 de agosto de 2007
(...)
-Hola. Le dije una vez ya abierta la puerta de su casa.
Me mira sorprendido y algo nervioso. De ahí, la pausa, ese silencio incómodo que denota aún más esa distancia, ese límite, esa línea existente que había entre nosotros, esa que nos seguía dividiendo después de "tanto" tiempo, tiempo que por cierto él ya considera lo suficiente para olvidarse de todo, o para no volverse a ver más, aunque fuese por un largo tiempo. Ese tiempo que utópicamente ya se había cumplido, claro, hasta hoy.
Antes de que dijera cualquier cosa, o mas bien, antes de escuchar el fatal -Hola... ¿y tú? un ¿qué haces acá? o un Hola... tanto tiempo... -qué se yo cualquier porquería que terminara decepcionándome aún más- yo sentía que él no tenía ni el más mínimo derecho (o mas bien cara) de decir algo que robara mi protagonismo ese día, porque esta escena era mía, porque ya era tiempo de que me tocara a mí, porque ese era mi propósito : escupirle en la cara y que ese escupo traspasara esa puta línea de la puerta. Y eso hice y le dije: -listo, eso era.
Esperé que me cerrara la puerta en la cara o que peor aún y de una vez por todas apareciera ella atrás de él en calzón y sostén rojo, lo que me dió un poco de risa y algo de asco a la vez.
Y en realidad, es más bien lo que ella significa lo que me produce asco, porque ella esta condicionada a él de una manera demasiado evidente y debe ser por eso que a la vez me da risa. La pobre tipa se esmera tanto encajar con él, amarrándose de tonterías baratas que sólo le sirven en la medida que él se las traga. Y así, él la arma a ella, y ella él.
Me acuerdo y hasta yo me doy un poco de risa. Escupir está tan concebido como una respuesta de inmadura-dramática, pero paradójicamente eso da lo mismo igual, porque siempre fui algo como eso, poco interesante, poco atractiva intelectualmente, insuficiente al fin. Y quizás hasta me aproveché del personaje que me asignó. Digamos, que él era re-bueno para ese tipo de cosas, para interpretar personajes sintéticos-ficticios-artificiales.
De ahí para delante me puse a correr, correr, correr. No se cuantos semáforos y calles pase por alto, supongo que en ese momento no importo en lo absoluto, solo importaba correr y dejar atrás esa calle de mierda, su puerta, su cara y todo lo que él implicaba. Correr como escapándose de algo o de alguien que viene siguiendote desde hace ya tiempo (...) Yo hago esto, yo estoy haciendo eso...
¿Cómo iba a explicarle? Como iba a explicarle que ya lo había entendido todo. Tarde. Pero que lo había hecho. Sin duda ya no sabíamos quienes eramos o quienes habíamos sido todo este tiempo, evidentemente ya no nos reconocíamos y talvez nunca lo hicimos.
Yo sin querer regresé con una escena de hace algún tiempo atrás, esa escena que él odió tanto, en esa que él se puso a llorar y en esa misma escena que yo también termine llorando, pero con un llanto más cínico y que a la vez hacia que compartiéramos un llanto individualista, egoísta, que roza lo irónico en la contradicción misma de compartir. Como si una pieza importante dentro de todo esto faltara y esa pieza, claro, la tenia él, bien escondida porque así era más entretenido, más de película donde yo podría haber sido un personaje secundario que cumplío la función de enlazar escenas bonitas y dignas de un film medio experimental que ellos mismos protagonizaron. Rompiendo esas estructuras plásticas y rítmicas comunes-existentes para lograr un exéntrico funcionamiento de imagen y sonido. Obviamente dirigido a receptores tipo público específico de esos que comparten intereses por productos fuera de los cánones clásicos, -¿yo era acaso clásica?-
Lloraba por una mentira, lloraba porque no se atrevía a decírmelo. Ese día que se fue, él le contó todo a ella, le dijo que ya no aguantaba, que estaba confundido, que no estaba seguro, que uno nunca lo está. Recordaron todas las veces que salieron a encontrarse a escondidas o todas esas veces que conversaban con un trasfondo de por medio, incluso las veces que se acostaron y que no sintieron culpa alguna.
Cerrar y apretar los ojos con fuerza. Lo sabía. Me largué a llorar. Estaba asustada, muerta de miedo, avergonzada, llena de rabia. Siempre lo he dicho: no se llora de pena, se llora de rabia.
Y yo hoy lloraba así, como todas las veces que recuerdo que he llorado. Y quizás hasta huía de mí, esa persona que fue capaz de llagar hasta su casa a escupirle en la cara, o mejor aún la que es capaz de escribir esto a modo de ESCUPO.

Me mira sorprendido y algo nervioso. De ahí, la pausa, ese silencio incómodo que denota aún más esa distancia, ese límite, esa línea existente que había entre nosotros, esa que nos seguía dividiendo después de "tanto" tiempo, tiempo que por cierto él ya considera lo suficiente para olvidarse de todo, o para no volverse a ver más, aunque fuese por un largo tiempo. Ese tiempo que utópicamente ya se había cumplido, claro, hasta hoy.
Antes de que dijera cualquier cosa, o mas bien, antes de escuchar el fatal -Hola... ¿y tú? un ¿qué haces acá? o un Hola... tanto tiempo... -qué se yo cualquier porquería que terminara decepcionándome aún más- yo sentía que él no tenía ni el más mínimo derecho (o mas bien cara) de decir algo que robara mi protagonismo ese día, porque esta escena era mía, porque ya era tiempo de que me tocara a mí, porque ese era mi propósito : escupirle en la cara y que ese escupo traspasara esa puta línea de la puerta. Y eso hice y le dije: -listo, eso era.
Esperé que me cerrara la puerta en la cara o que peor aún y de una vez por todas apareciera ella atrás de él en calzón y sostén rojo, lo que me dió un poco de risa y algo de asco a la vez.
Y en realidad, es más bien lo que ella significa lo que me produce asco, porque ella esta condicionada a él de una manera demasiado evidente y debe ser por eso que a la vez me da risa. La pobre tipa se esmera tanto encajar con él, amarrándose de tonterías baratas que sólo le sirven en la medida que él se las traga. Y así, él la arma a ella, y ella él.
Me acuerdo y hasta yo me doy un poco de risa. Escupir está tan concebido como una respuesta de inmadura-dramática, pero paradójicamente eso da lo mismo igual, porque siempre fui algo como eso, poco interesante, poco atractiva intelectualmente, insuficiente al fin. Y quizás hasta me aproveché del personaje que me asignó. Digamos, que él era re-bueno para ese tipo de cosas, para interpretar personajes sintéticos-ficticios-artificiales.
De ahí para delante me puse a correr, correr, correr. No se cuantos semáforos y calles pase por alto, supongo que en ese momento no importo en lo absoluto, solo importaba correr y dejar atrás esa calle de mierda, su puerta, su cara y todo lo que él implicaba. Correr como escapándose de algo o de alguien que viene siguiendote desde hace ya tiempo (...) Yo hago esto, yo estoy haciendo eso...
¿Cómo iba a explicarle? Como iba a explicarle que ya lo había entendido todo. Tarde. Pero que lo había hecho. Sin duda ya no sabíamos quienes eramos o quienes habíamos sido todo este tiempo, evidentemente ya no nos reconocíamos y talvez nunca lo hicimos.
Yo sin querer regresé con una escena de hace algún tiempo atrás, esa escena que él odió tanto, en esa que él se puso a llorar y en esa misma escena que yo también termine llorando, pero con un llanto más cínico y que a la vez hacia que compartiéramos un llanto individualista, egoísta, que roza lo irónico en la contradicción misma de compartir. Como si una pieza importante dentro de todo esto faltara y esa pieza, claro, la tenia él, bien escondida porque así era más entretenido, más de película donde yo podría haber sido un personaje secundario que cumplío la función de enlazar escenas bonitas y dignas de un film medio experimental que ellos mismos protagonizaron. Rompiendo esas estructuras plásticas y rítmicas comunes-existentes para lograr un exéntrico funcionamiento de imagen y sonido. Obviamente dirigido a receptores tipo público específico de esos que comparten intereses por productos fuera de los cánones clásicos, -¿yo era acaso clásica?-
Lloraba por una mentira, lloraba porque no se atrevía a decírmelo. Ese día que se fue, él le contó todo a ella, le dijo que ya no aguantaba, que estaba confundido, que no estaba seguro, que uno nunca lo está. Recordaron todas las veces que salieron a encontrarse a escondidas o todas esas veces que conversaban con un trasfondo de por medio, incluso las veces que se acostaron y que no sintieron culpa alguna.
Cerrar y apretar los ojos con fuerza. Lo sabía. Me largué a llorar. Estaba asustada, muerta de miedo, avergonzada, llena de rabia. Siempre lo he dicho: no se llora de pena, se llora de rabia.
Y yo hoy lloraba así, como todas las veces que recuerdo que he llorado. Y quizás hasta huía de mí, esa persona que fue capaz de llagar hasta su casa a escupirle en la cara, o mejor aún la que es capaz de escribir esto a modo de ESCUPO.
miércoles, 29 de agosto de 2007
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