miércoles, 21 de noviembre de 2007

Copeteado y tartamudo


Aranda, la médium. Podía adelantarse como una tejedora arrepentida. Como quedándose sin habla. La historia...repetían las palabras, escuetas a veces. Sintetismos de fin de milenio desorbitado. Pero te escucho y no entiendo nada. Conecto con una página de porno electrónico. Siluetas y leopardo. Aventajada.

Ese día sonó el teléfono. Ella se acordó, a mi se me había olvidado. Y llegue donde el Salustiano. Ella llevaba varias horas ahí. La invite al Venecia de Pío Nono. Buen lugar para empezar una conversación. Llegue tranquilo, las cosas me salen mejor cuando ando relajado. Pavo al horno, una porción de papas fritas, ensalada de tomate y un schop grande. Eso elegí yo, y ella, ensalada de berros con espinacas y achicoria, dos raciones de pebre y un vaso de agua sin hielo. Hay que guardar la línea. No parezco pero soy pretenciosa. Tu me imagino que también, por tu ropa, me dice mirándome casi instintivamente. La tribu es mucho más grande de lo que creía. Quiero contar historias. Quiero contar historias. La artesana, la retratista, la performer. Intenta seducir una plataforma escrita entre paréntesis, Los libros en mayúsculas. Animales sin alas: como reptiles y con antenas. La memoria. Llevamos varios años suspendidos en tubos de ensayo. Pero ella era la menor de todas. La más extraña de las tarántulas. Escribía siempre sobre el mismo papel. Con rojos y amarillos invisibles. Hay que maquillar el muñeco. Pintar el cuadro. Documentar el proceso. Comer. Dormir poco.

La mensajera. Se acostó tarde. No tenia sueño. Acababa de terminar de escribirle a un amigo en NY, con letras piramidales. (En la segunda línea perdió el hilo) Se intereso en Omar Y vio el libro.
Y vio a Omar Se corto la luz. No había guardado nada de su trabajo. Pero tenía buena memoria.
Esa mañana camino a pie pelado. Las hojas sueltas, ordenadas. Varios gatos cantando Omar cantando. Admiro a esta mujer pionera y generosa. Desde este lado de la trinchera todo parece como sacado de una película en blanco y negro. Ese amor enamorado y blanco, la trementina.



Palabras y números. Secuencias pintadas a mano. Interferidas. Atravesadas.

sábado, 17 de noviembre de 2007

El vuelo del ángel

HELLO COPELLO AGAIN!

domingo, 11 de noviembre de 2007

Si el arte es utopía

Aurelio Caminati es un génoves de tomo y lomo, expresándose en dialecto en la vía pública y siendo su vida provada un gran misterio, pues nadie jamás vio a su mujer o a su hija junto a él. En cambio el Aurelio Caminati performer, está escandalosamente presente en la escena genovesa de ruptura del arte vivo. Su especialidad son las transcripciones de obras clásicas de la pintura, usando códigos bastante particulares en las acciones corporales, como la manipulción táctil de sus jóvenes asistentes en el palco a quienes aturde con sus gritos y comandos. ¡Es tan machista!

Al comienzo de mi estadía en Liguria, existía entre nosotros una saludable rivalidad; Caminati sentía una mezcla de admiración y celos por mi presencia en Génova, cuidad en donde es apreciado por sus pares y por la sociedad lígure, quienes no sospechan sus admirables plagios, los falsos De Chirico y Carrá, que sigue impertérrito pintando secretamente en la soledad de su estudio.

Entusiasmado al conocer mi obra, me propone realizar juntos una performance, una colaboración libre y sin ensayos previos de una actuación violenta y autoritaria titulada "Y muere glorioso el patriota...", producida en el Teatro Laboratorio de Génova, ante numerosos fotógrafos y público, en un espacio de experimentación. Durante la acción, Caminati pinta mi cuerpo desnudo con negro y rojo de modo perverso, violentándome con su mal trato de expresionista. Enajenado con mis gestos repetitivos, dilatados y exasperados, manipulando con fuerza mi desnudez primitiva, me hace adoptar ciertas poses obcenas y a realizar acciones corporales humillantes. Me siento un objeto, sin voluntad propia alguna, arrastrado por el escenario cubierto con un paño blanco, que se fue manchando por los baldes de pintura lanzados sobre mi cuerpo, por un Ciminati obseso y lunático, sometiéndome con violencia, afiebrado, agitando su pelo albo, posesionado de su rol de "Ring master"; transformado en un horrible dragón, sádico y tirano; un domador de fieras teatrales.

Mi desquite escénico se produjo durante la transposición del conocido cuadro de Francisco Goya, titulado Cinco de Mayo. En la producción de la transcripción, yo debía proveer los "actores", para la escena del fusilamiento, reclutando entre mis amigos de Chiavari a los más sensibles. En su mayoría estos jóvenes eran adictos a la heroína, droga muy en boga entonces en Italia. Caminati los manipuló a gusto, agrediéndolos con violencia, con el fin de lograr efecto de provocación requerido en la dramatización del cuadro goyesco. Al comienzo de la acción hay seriedad y compostura entre los guardias napoleónicos y los prisioneros descamisados, quienes gritan sus últimas maldiciones, poseídos por el terror de ser fusilados, resistiéndose al poco tiempo este grupo de drogados a seguir las órdenes tácticas de Cimanati, cansados y aburridos de tanto focejeo físico, impresionando a un grupo de desesperdos, mientras los guardias no cesan de dispararles balas de fogueo. Pronto la transposición se convierte en una lucha cuerpo a cuerpo, produciéndose en la sala una atmósfera tensa, casi de suspenso, con alumnos y profesores invitados mirando el espectáculo hiperrealista con ojos desorbitados.

Francisco Copello
Abril 2002

Cualquier hueá




María Jesús (encierrenla y callenla) - Yo - Felipe