domingo, 9 de septiembre de 2007

M e n t i r a




-Estás sonriendo de nuevo- dijo mirandome la boca.


-¿Sabes algo? tu sonrisa me quedo grabada desde ese día que nos presentaron, porque tu sonrisa es como de mentira, unos ojos que no encajan con ella... Unos ojos que no sonrien con la boca ¿entiendes?- Continúo con una voz suave y ronca mientras sujetaba un cigarro con los labios y con las manos encendía un fósforo en la caja semi mojada con alcohol que tomó de la barra.


-Siempre me fijo en la sonrisa de la gente- me decía mientras llevaba el fuego hasta la punta del cigarro y absorbiendo varias veces para que no se apague, me miraba fijamente a los ojos, concentrada en su idea termino el rito de encender el tabaco se quitó el filtro de la boca minuciosamente pintada, me miro sonriendo mientras el humo salia a pedazos y cerró la idea de manera directa -Me da curiosidad la gente que sonríe demasiado. Te apuesto que es el arma que ocupas para defenderte del mundo. Yo uso los ojos, cuando los pongo chicos es porque tengo miedo y quiero aparentar estar muy segura-. Al escucharla decir eso, me dío un poco de risa, pero preferi no decir nada para no interrumpirla, claro.
-No confío en la gente que pone los ojos chicos si yo lo hago no me creas, es sólo que no quiero ver bien las cosas. He pensado desde hace tiempo que podría ser un gran tema para una canción , la gente entra a los bares defendiendose con una sonrisa fingida, o con caras de serios... Es dificil entrar a un bar lleno de extraños ¿no crees?


-O terminar hablando con uno de esos extraños. Le dije sonriendo.






Ella baila con un tipo. Ella continua bailando despreocupadamente con un ron-cola en la mano. Se mueve concentrada en la música. Mientras ella baila yo la miro. Entonces espero más. Me acerco y bailamos un rato...




4:08 am


Entramos al departamento, tú te sacas la chaqueta mientras me preguntas por cerveza, yo te la traigo, te la sirvo. Los dos miramos la espuma subir del vaso, los dos nos miramos, nos sonreímos. La espuma se queda en el vaso, mientras me acerco. De pronto alejas la cara, me miras achicando los ojos, yo entiendo. Sonrío.


-¿Qué pasa?


-Esque se me olvida tu cara. Cierro los ojos y me olvido de cómo eres.


Yo me río, porque me pasa lo mismo, río aunque no me da risa, río de mentira sobre unos ojos que ya no estan tan tristes. Me acerco a la radio y la prendo, la música suena i'm waiting for the night to fall i know that it will save us all when everything's dark keeps us from the stark reality. Nos damos un beso. Luego te separas, me vuelves a mirar para recordar mi cara una vez más se te olvido, sonríes. With half-closed eyes things looked even better. than they were open. Yo ya no sonrío porque no es necesario.

viernes, 7 de septiembre de 2007

JUANA LA RARA

NO-SÉ NO-SÉ NO-SÉ NO-SÉ NO-SÉ NO-SÉ NO-SÉ NO-SÉ
AYER EN EL TEATRO ORIENTE
(YA, SÍ. AHORA PUEDO MORIR TRANQUILA)






Yo sé que no sé tomar una decisión.



ando como perro en cancha de bochas



quiero algo pero digo no



y en vez de irme siempre me quedo



Tengo que librarme de toda opinión



Dudo de lo que hago aunque me guste



Y si alguien viene y dice: mmm!



largo todo y pienso en cómo, dónde y cuando hacerlo



¿Qué le voy a a hacer?



¡No hay caso, no aprendo!



Sólo sé que al final lo lamento



Cambio ideas que me llaman, llaman, llamando






Y van cambiando, yo voy cambiando



Y voy dudando, lo hago dudando



Y voy pensando, lo hago pensando



¿Para qué sembraron la duda?




JUANA SOS LO MÁXIMO!

viernes, 31 de agosto de 2007

(...)

-Hola. Le dije una vez ya abierta la puerta de su casa.

Me mira sorprendido y algo nervioso. De ahí, la pausa, ese silencio incómodo que denota aún más esa distancia, ese límite, esa línea existente que había entre nosotros, esa que nos seguía dividiendo después de "tanto" tiempo, tiempo que por cierto él ya considera lo suficiente para olvidarse de todo, o para no volverse a ver más, aunque fuese por un largo tiempo. Ese tiempo que utópicamente ya se había cumplido, claro, hasta hoy.

Antes de que dijera cualquier cosa, o mas bien, antes de escuchar el fatal -Hola... ¿y tú? un ¿qué haces acá? o un Hola... tanto tiempo... -qué se yo cualquier porquería que terminara decepcionándome aún más- yo sentía que él no tenía ni el más mínimo derecho (o mas bien cara) de decir algo que robara mi protagonismo ese día, porque esta escena era mía, porque ya era tiempo de que me tocara a mí, porque ese era mi propósito : escupirle en la cara y que ese escupo traspasara esa puta línea de la puerta.
Y eso hice y le dije: -listo, eso era.

Esperé que me cerrara la puerta en la cara o que peor aún y de una vez por todas apareciera ella atrás de él en calzón y sostén rojo, lo que me dió un poco de risa y algo de asco a la vez.
Y en realidad, es más bien lo que ella significa lo que me produce asco, porque ella esta condicionada a él de una manera demasiado evidente y debe ser por eso que a la vez me da risa. La pobre tipa se esmera tanto encajar con él, amarrándose de tonterías baratas que sólo le sirven en la medida que él se las traga. Y así, él la arma a ella, y ella él.

Me acuerdo y hasta yo me doy un poco de risa. Escupir está tan concebido como una respuesta de inmadura-dramática, pero paradójicamente eso da lo mismo igual, porque siempre fui algo como eso, poco interesante, poco atractiva intelectualmente, insuficiente al fin. Y quizás hasta me aproveché del personaje que me asignó. Digamos, que él era re-bueno para ese tipo de cosas, para interpretar personajes sintéticos-ficticios-artificiales.

De ahí para delante me puse a correr, correr, correr. No se cuantos semáforos y calles pase por alto, supongo que en ese momento no importo en lo absoluto, solo importaba correr y dejar atrás esa calle de mierda, su puerta, su cara y todo lo que él implicaba. Correr como escapándose de algo o de alguien que viene siguiendote desde hace ya tiempo (...) Yo hago esto, yo estoy haciendo eso...

¿Cómo iba a explicarle? Como iba a explicarle que ya lo había entendido todo. Tarde. Pero que lo había hecho. Sin duda ya no sabíamos quienes eramos o quienes habíamos sido todo este tiempo, evidentemente ya no nos reconocíamos y talvez nunca lo hicimos.


Yo sin querer regresé con una escena de hace algún tiempo atrás, esa escena que él odió tanto, en esa que él se puso a llorar y en esa misma escena que yo también termine llorando, pero con un llanto más cínico y que a la vez hacia que compartiéramos un llanto individualista, egoísta, que roza lo irónico en la contradicción misma de compartir. Como si una pieza importante dentro de todo esto faltara y esa pieza, claro, la tenia él, bien escondida porque así era más entretenido, más de película donde yo podría haber sido un personaje secundario que cumplío la función de enlazar escenas bonitas y dignas de un film medio experimental que ellos mismos protagonizaron. Rompiendo esas estructuras plásticas y rítmicas comunes-existentes para lograr un exéntrico funcionamiento de imagen y sonido. Obviamente dirigido a receptores tipo público específico de esos que comparten intereses por productos fuera de los cánones clásicos, -¿yo era acaso clásica?-
Lloraba por una mentira, lloraba porque no se atrevía a decírmelo. Ese día que se fue, él le contó todo a ella, le dijo que ya no aguantaba, que estaba confundido, que no estaba seguro, que uno nunca lo está. Recordaron todas las veces que salieron a encontrarse a escondidas o todas esas veces que conversaban con un trasfondo de por medio, incluso las veces que se acostaron y que no sintieron culpa alguna.

Cerrar y apretar los ojos con fuerza. Lo sabía. Me largué a llorar. Estaba asustada, muerta de miedo, avergonzada, llena de rabia. Siempre lo he dicho: no se llora de pena, se llora de rabia.

Y yo hoy lloraba así, como todas las veces que recuerdo que he llorado. Y quizás hasta huía de mí, esa persona que fue capaz de llagar hasta su casa a escupirle en la cara, o mejor aún la que es capaz de escribir esto a modo de ESCUPO.





miércoles, 29 de agosto de 2007

martes, 28 de agosto de 2007

SIN TITULO/ TRADUCIDO




ELLA QUIERE PARECER LO SUFIENTEMENTE ATRACTIVA PARA ÉL. ELLA QUIERE ESCUCHARLO HABLAR UN POCO MÁS. ELLA LO MIRA. ELLA LO HASE REÍR A RATOS. ELLA GOLPEA SU PUERTA CADA VEZ QUE PASA POR SU CALLE. ELLA QUIERE VOLVERLO A VER. ELLA QUIERE DORMIR EN SU CAMA. ELLA QUIERE QUE SEA COMO EN UNA CANCIÓN. ELLA QUIERE BAILAR UN RATO LARGO JUNTO A ÉL. ELLA LO ACOMPAÑA A RECORRER LA CUIDAD. ELLA LO BUSCA POR CUALQUIER TONTERÍA. ELLA QUIERE QUE ÉL MENCIONE ESA PALABRA. ELLA QUIERE DECIRLE QUE SÍ. ELLA QUIERE COMPARTIR UN BESO EN UNA PARADA, EN UNA ESTACIÓN, EN EL MEDIO DE UNA CALLE. ELLA QUIERE ABRAZARLO CADA VEZ QUE SE DESPIDEN. ELLA QUIERE QUE ÉL SE ACERQUE UN POCO MÁS.




ELLA QUIERE MATARLO.

domingo, 26 de agosto de 2007

Domingo 17 de mayo






Si alguna vez me suicido, será domingo. Es el día más deslentador, el más iluso. Quisiera quedarme en la cama hasta tarde, por lo menos hasta las nueve o a las diez, pero a las seis y media me despierto y ya no puedo pegar los ojos. A veces pienso qué haré cuando toda mi vida sea domingo. Quién sabe, a lo mejor me acostumbro a despertarme a las diez. Fui a almorzar al centro. Comí. Ni si quiera me sentí con fuerzas para entablar con el mozo el facilongo y ritual intercambio de opiniones sobre el calor y los turistas. Dos mesas más allá, había otro solitario. Tenía el ceño fruncido, partía los pancitos a puñetazos. Dos o tres veces lo miré, y en una oportunidad me crucé con sus ojos. Me pareció que allí había odio. ¿Qué habría para él en mis ojos? debe ser una regla general que los solitarios no simpaticemos. ¿O será que, sencillamente, somos antipáticos?


Volví a casa, dormí la siesta y me levante de mal humor. Tomé un té y me fastidió que estuviera amargo. Entonces me vestí y me fui otra vez al centro. Esta vez me metí a un café; conseguí una mesa junto a la ventana. En una lapso de una hora y cuarto, pasaron exactamente treinta y cinco hombres de interés. Para entretenerme hice una estadística sobre qué me gustaba más en cada uno de ellos. Lo apunte en una servilleta de papel. Este fue el resultado. De dos me gustó la cara; de cuatro, el pelo; de seis, la altura; de ocho, la ropa; de quince, las manos. Amplia victoria la de las manos.

miércoles, 22 de agosto de 2007

Gonzalo/Bizarro.

El que me roba las ideas un día antes

El que aparece en la puerta de mi casa sin avisar

El que me ve con pijama a las dos de la tarde

El que comparte papas fritas grasientas en una plaza cualquiera
Al que le gusta escribir en servilletas

El del café submarino

El que se cola en el biografo
el que habla fuerte en la micro

El del escarabajo.
(El que habla en futuro y me escribe desde Argentina)